“El 15M podría desaparecer y no ocurriría nada.”
El 15M sirvió para despertar. Pero de qué sirve un despertador a mitad del día? Su función ya ha sido de sobra satisfecha. Sus principios siguen tan vigentes como el primer día. Es una fuerza que nos supera a los humanos y que no podemos abarcar en su totalidad. Y sin embargo es creación nuestra.
Son tardes de Tao en el tren, en la playa o en el castillo. Con la bici compañera, con las cuestas de subida y las largas bajadas sin pedalear, pero siempre pegado a ella. Son el pasado, el presente y el futuro unidos en el mismo instante, en esa mente monolítica y multihilo que guía mis pies.
Podía desaparecer el mundo y no pasaría nada. El resto del universo seguiría inalterado. Una vaga radiación llegaría hasta otras galaxias como una brisa mueve el cabello de Ana. Del mismo modo que todos pereceremos sin más huella que una pisada sobre la arena que mueve el viento.
Podemos hacer tanto como humanos y es tan poca nuestra capacidad individual que unos cuantos se dieron cuenta que para poder actuar, tenían que deshabilitar nuestra habilidad para actuar. Para ello inventaron internet y antes la televisión, la radio, la cultura, el circo, …