El Ayni: un ejemplo de moneda comunitaria alterativa

Un día en Molinari

Hace menos de 6 meses Pablo y Eze vinieron a visitarnos al otro lado de las sierras donde yo vivo para pasar unos días e intercambiar ideas y experiencias. Yo llevaba un tiempo dándole vueltas a la idea de implementar en el territorio que habito una moneda comunitaria para incentivar el consumo local, la economía circular, que permitiese valorar más justamente los trabajos, todos los trabajos, de cualquier índole ya que todas necesitamos cubrir multitud de necesidades diversas en nuestros quehaceres diarios y donde se evitase que los trabajos intelectuales y con mucha preparación fuesen mucho mejor pago que los físicos puesto que el desgaste en definitiva es muy similar.

Eze y Pablo viven en Molinari, un barrio que hace más de 60 años fue intervenido para ser loteado y cuyos dueños, años más tarde desaparecieron dejando sus marcas en un territorio que era virgen: reforestación con especies exóticas, parcelización de lotes, trazado de calles, etc. Hace menos de 10 años, en esos terrenos abandonados comenzaron a instalarse unas pocas familias, algunas de las cuales construyeron sus casas de forma bastante natural, aprovechando los elementos que les rodeaban: palos de siempre verde u olmo, tierra, paja, piedras e infinidad de otros materiales de recicle. Estos primeros habitantes llamaron a otros y esos a otros, que vinieron con ideas y prácticas similares a hacer un uso consciente del espacio del que disponían y así en los últimos 5 años el barrio fue poblado por un colectivo de gentes de todos los lugares que se ayudaron en la construcción, colaboraron con las crianzas de las más peques, se juntaron para hacer compras y festejaron siempre que pudieron la vida que ellas mismas habían elegido. Hoy son aproximadamente unas 60 familias en más de 30 Hectáreas de barrio y cuando paseás por sus calles te encontrás las más variopintas e imaginativas formas de construcción natural que se puedan pensar. En definitiva, el barrio el Montecito como se hacen llamar, parecía un interesante caldo de cultivo para promover otras formas de relacionarse e intercambio más justas que las ofrecidas por la moneda de curso legal.

Hacía tiempo que tenía ganas de devolverles la visita y por fin se dio el día. Llegué a Molinari un lunes a la noche, medio haciendo dedo, medio en colectivo. Llovía y los chicos insistieron en venir a por mi a la ruta en auto. Era de noche y aterrizamos en la casa de Pablo que apenas la habitaba hace unos meses y seguía -como todo en la vida- en construcción. Charlamos, preparamos la cena, compartimos unos vinos y unas alegrías y nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente me fui a dar un paseo con Eze para conocer el barrio y su casa. Me contaba que las asambleas de la moneda eran muy sencillas y resolutivas, que apenas se generaba controversia y que era fascinante la velocidad con que las vecinas se estaban volcando a esa iniciativa. Mientras charlábamos sentía una molestia en mi cuello y hombro que llevaba un par de días inquietándome y pensamos en contactar a Katrina, una vecina del barrio de la que hablaban muy bien como masajista. Nos dijo que a la tarde estaba ocupada pero que si queríamos podíamos ir esa misma mañana y así hicimos. Me hizo un masaje que me dejó nuevo, me hizo llorar con sus manos y su buen quehacer. Al terminar, Eze insistió en que me quería invitar y le preguntó cuánto salía el masaje y Katrina contó que había pensado en 140 Aynis. El precio fijado en la asamblea es de 1 minuto = 1 Ayni pero se podían dar valores de hasta el doble dependiendo si la persona está a cargo de la crianza de hijos. Todos los trabajos son considerados iguales y sólo el tiempo empleado para producir el bien o servicio es lo que se intercambia. Katrina se ofreció a dejarlo en 120 Aynis pero Eze insistió en redondear hacia arriba a 150. Esta fue la primera muestra que vi de regateo hacia arriba y es que pagar de más por un bien supone apoyarlo con nuestro trabajo, pero cuando trabajamos de forma no alienada y nos damos cuenta que nuestras habilidades, que no son pocas, son susceptibles de convertirse en algo valioso para las demás, no necesitamos ahorrarnos trabajo ya que trabajar así se convierte en un quehacer amoroso y lleno de gratificaciones.

Seguimos paseando, preparamos el almuerzo y a la tarde nos dijo Pablo que había quedado con Anto que le iba a ayudar a ordenar y limpiar su casa que no consigue ordenar desde que la habita. Anto había laburado de moza durante mucho tiempo pero más tarde trabajó en una oficina y se dio cuenta de que era buena resolviendo y ordenando las tareas del día a día. Cuando llegó a la casa de Pablo comenzó por la parte de arriba, corrió todos los muebles, los dispuso de forma óptima, ordenó toda la infinidad de objetos que rondaban por la habitación y tras ello siguió por la parte de abajo. Cuando terminó, la casa parecía otra. Nos sentamos todas a tomar unos mates y hablamos del tiempo que le había dedicado. Ella decía que eran 3 horas pero los chicos insistían que eran 4: era la segunda vez en el mismo día que cliente y proveedor regateaban al alza. Yo pensé que por fin las labores del hogar se pagaban de forma justa y no era una labor sólo de gente humilde y/o de mujeres que se humillan por un salario de miseria. Hacer las labores de casa en Molinari sale lo mismo que recolectar plantas, ayudar en la construcción o arreglar una computadora: tiempo, que al fin y al cabo es la única divisa real con la que contamos en nuestras vidas.

Anto redescubrió su don para la limpieza y el orden de los espacios como otras están descubriendo que sus potenciales van más allá de aquello para lo que fueron preparadas por el sistema y están poniendo al servicio de la comunidad sus dones y afinidades que ahora por fin son recompensados de forma justa ¿Quién va a querer hacer los trabajos del hogar y cobrar en pesos si quienes te pagan por tu tiempo ganan más de 5 veces lo que vos ganás? Por supuesto que en ese orden de injusticia, todas prefieren enviar a sus hijos a la universidad, para estar en la parte de arriba de la pirámide y no caer en lo más bajo. Pero todos sabemos que lo que sobra en este mundo es abogados, médicos e ingenieros y lo que nos falta es justicia, salud y saberes para poder reconducir nuestras vidas en comunidad. Mas no se puede crear comunidad cuando las miembras que la forman se relacionan de forma injusta a través de una herramienta diseñada para tal injusticia como es el dinero.

La gente de Molinari, en el escaso tiempo que estuve de visita, no dejaba de descubrir las ventajas que supone una herramienta como una moneda comunitaria para el desarrollo de la propia comunidad que todas habitan. En esos mismos días, el espacio educativo “El puente” se incorporó al Ayni. En el trabajan todas las familias en diferentes tareas: unas 6 personas que encargan de la pedagogía, que acompañan a las más peques en edades entre 4 y 10 años en el aprendizaje y el juego y el resto se encargan de la construcción, mantenimento, limpieza, alimentación, los materiales didácticos, etc. y que a partir de ahora con la inclusión de todos estos trabajos en la red conseguirán un mayor equilibrio en el reparto de las tareas. En la red también se intercambia continuamente mano de obra para la construcción de casas, “la tuerca dorada” que construye estructuras tipo domo que se arman en el lugar que uno desee y perfectamente en el futuro se podrían incluir otros proyectos del barrio como la huerta comunitaria o la adobera.

Llevaba mucho tiempo hablando con otras compañeras afines a las monedas comunitarias alterativas y lo vivido en ese día en Molinari es el mejor ejemplo que en estos momentos puedo exponer de cómo esas y otras ideas nuevas han sido llevadas a la práctica por una comunidad que a través de la apropiación de una herramienta como la moneda, es capaz de generar nuevas formas de inter-relacionarnos que no genera escasez, crea reciprocidad y renueva las alegrías de las que la usan.

Por cierto, olvidé comentar que Ayni es una palabra de origen Aimara que viene a querer decir “yo soy tu y tu eres yo” y se refiere a la reciprocidad que se daba en las comunidades andinas entre sus habitantes para los quehaceres diarios.

Actualización: Como muestra, adjunto el documento de presentación de la red Ayni que explica el funcionamiento interno y habla por sí solo:

Ayni-Bienvenida

2 thoughts on “El Ayni: un ejemplo de moneda comunitaria alterativa

  1. Me encanta y me da esperanza que haya gente que esté pensando en alternativas a un sistema totalmente injusto, más aún cuando son jóvenes.
    De todas maneras lo que me sorprende de todas las propuestas que escuché hasta ahora es lo profundo que estamos inmersos en el sistema que no nos deja pensar una alternativa real, fuera de las reglas del capitalismo.
    El trueque, los bancos de tiempo, etc. son solo más de lo mismo. El rico tiene más para truequear y más tiempo libre para ofrecer que un obrero que trabaja doce horas por día para darle de comer a sus hijos.
    Mientras sigamos poniendo precios a las cosas sea en pesos, solares, tiempo o valor de trueque no estamos haciendo ningun cambio.

  2. Hola Antonio.
    Al respecto tendría que decir un par de cosas:
    1) Por un lado, la no convertibilidad del Ayni a pesos (o cualquier otra moneda fiat) impide que las injusticias en la valoración de los trabajos contemplada en nuestra realidad cotidiana -que un agente inmobiliario o un dentista gane al menos 5 veces lo que un albañil- se den en la red. Y por otro impide que alguien con muchos recursos económicos pueda comprar aynis y con ellos poner a trabajar a toda la comunidad a su servicio.
    2) El valor del trabajo en la red Ayni es para todas igual salvando la excepción de las personas que tienen a su cargo la crianza de sus hijos u otros seres que requieran cuidados. En esos casos, el valor de su trabajo puede llegar a valer hasta el doble para así compensar el tiempo que necesitan para atender a los miembros de la familia.
    Por último, poner precio a los bienes en Aynis es muy diferente de cómo se hace en el capitalismo donde las que más tienen son las que tienen el poder de decidir sobre el valor de su trabajo forzando a que los que menos tienen siempre se queden en el mismo escalón y jamás puedan ascender. En la red Ayni, trabajo es trabajo y como tal, todos valen prácticamente igual.
    Entiendo que desde un punto de vista más global o pensando en comunidades muy grandes, seas crítico con el trueque, los bancos de tiempo, etc. Pero en Molinari se da un caldo de cultivo muy apto para la generación de estas formas de intercambio libre ya que las diferencias particulares entre sus vecinas no son tan grandes y por ahora en los meses que llevan trabajando la red, la expansión y las satisfacciones generadas han sido imparables. Nada asegura, más que el trabajo continuo, que todo vaya a seguir así, pero por ahora es de todas las experiencias conocidas y vividas, la de Molinari se me antoja como la más sana. Ojalá la mantengan así de hermosa mucho tiempo.

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