Un pequeño universo de cuerpos celestes

Apuntes sobre el 9º Tantanakuy Traslasierra (Parte I y por ahora única)

IMG_5053

En un momento de la noche que fui desde el escenario hasta la cantina, miré atrás y vi cómo en el medio de la oscuridad el escenario resplandecía bajo la sierra tras la que comenzaba a salir tímidamente la luna entre unas pinceladas de nubes blancas. Fue una imagen mágica, de esas difíciles de capturar por una cámara que por un momento eché de menos, pero pensé que mejor me lo guardaba en la memoria y así siempre será un recuerdo más emocional y subjetivo. Al llegar a la cantina, encontré nuevas caras trabajando, gente de entre los asistentes que voluntariamente se ofrecieron a ayudar. Charlé un rato con ellos y me volví. Uno de esos rostros que recordaba envuelto de humo alrededor de la parrilla repleta de choris, nos hizo llorar a todos cuando contó un hermoso cuento en el escenario del quincho el último día, donde asistíamos la mayoría de los participantes con nuestros cuerpos exhaustos tras tres días intensos de esfuerzo y emociones. Ahí me di cuenta que el universo está lleno de estrellas y que estrellas somos todos.

Este Tantanakuy me voló la cabeza. Siento fresco todavía haber asistido a un momento importante de mi vida que en el futuro recordaré de forma especial. He asistido a muchos festivales en mi vida. He acampado durante días en ellos y disfrutado de todas las actuaciones y espectáculos. He comido, bebido, desparramado y disfrutado en casi todos ellos. He asistido a otros donde he trabajado en la organización. Pero por primera vez en mi vida, todo ese orden se dio vuelta. Por primera vez he visto cómo estrellas, público y organizadores eran toda una unidad inseparable. Los payasos dejaban su puesto en la venta de tickets para salir al escenario y hacer reír al público. El público se apuntaba en las grillas para limpiar los baños o asistir a los artistas en el escenario. Y los artistas dejaban su instrumento y al día siguiente no se movieron de los fogones donde se preparaban los guisos o cortaron pilas de verduras. Durante todo el festival, cuantos participamos lo hicimos para dar y sólo para dar. Nadie esperaba recompensa a cambio, ni los artistas cuando actuaban -salvo los aplausos- , ni los organizadores mientras servían comida a una cola de hambrientos y sedientos, ni el público, que éramos todos, cuando hubo que limpiar. Todos éramos estrellas brillando en la noche de un universo generoso y benevolente.

Si eludimos este detalle, el resto de crónicas dirán que fue un festival más que correcto, donde todo salió a pedir de boca, donde los artistas dieron todo de sí, la organización funcionó sin tropiezos y donde el público, es decir, todos, disfrutamos intensamente. Podríamos puntualizar que no era en realidad un festival sino un encuentro y todos cuanto asistieron a el -salvo escasas excepciones- lo entendieron a la perfección. Si a mi me hubiesen contado antes, con mi esquema mental menos desprogramado, no habría podido creer que un encuentro “cultural” así pudiera suceder. Pero lo cierto es que funciona y funciona solo, sin apenas necesidad de dar muchas explicaciones. A nadie le chirrió lo que allá sucedió y todo el mundo lo encajó perfectamente.

Esto fue un encuentro y todo lo que dejamos atrás, es lo que en adelante llamaremos festival “cultural”. Por fin podemos vislumbrar el fin de una “cultura” que sólo sirve para separar: cultura de ricos, cultura de pobres, cultura de clases medias, cultura de neo-rural hippies, … Si bien estamos aún lejos de ese objetivo, algunos pensamos que podría ser posible. Que los humanos somos uno y no podemos olvidar que somos uno solo con la naturaleza, con el universo que nos envuelve, a quien nuestros problemas “culturales” le importa bien poco.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *