Carta a mis amigos kichneristas

Me preocupan aquellos amigos que creía más al margen de la política y en realidad lo que sucedía era que la coyuntura anterior, de un modo u otro, les beneficiaba. Ahora que se dio la vuelta la tortilla les oigo quejarse como nunca antes y empiezo a dudar de sus buenas intenciones.

Yo no creo en eso que llaman “la democracia”, en eso de que “uno vota de forma libre”. Nadie es libre, aunque aspiremos a serlo. Pero lo peor es que quienes defienden el régimen anterior, defiendan con la misma vehemencia la democracia representativa ¿Qué quiere decir? ¿Que ellos sí que votaron libremente y los que votaron a los contrarios no lo eran? Porque las reglas del juego son las que son y si las aceptas, has de aceptar, como aceptan los seguidores de Boca, por muy iracundos que se pongan, que a veces gana River. Putearán y destrozarán lo que se les ponga por en medio, pero no se les ocurre cuestionarse las reglas del juego. La política, tal y como la conocemos, no dista mucho del fútbol: en ambos campos se compite.

Lo que más me irrita es que cuando ellos ganan, pareciera ser porque la verdad universal se ha hecho luz y se ha reencarnado en los ideales que ellos sostienen pero cuando ganan los otros, jugando con las mismas reglas, les parezca que son unos pelotudos, que no piensan, que repiten lo que les dicen los medios,… ¿Y no se les pasa por la cabeza que los contrarios piensan exactamente lo mismo de ellos? ¿Nunca se les ocurrió cuestionarse que también ellos estaban coaccionados a la hora de votar? ¿Qué se creen, los elegidos? O se gobierna para gatos, o se gobierna para ratones. Pero no son mejores unos que otros, aunque los primeros se coman a los segundos (las lauchitas de casa se comen nuestro arroz también. Al fin y al cabo ¿Quién ocupó el terreno de quién?).

No digo que no haya grados en la forma de gobernar de unos y otros. Lo que digo es que no hay grados a la hora de defender la idea de que nos gobiernen; que no importa quién sea, del color que sea o su creo, gobernar es gobernar: o gobiernan para unos, o gobiernan para otros. Pero nunca se puede gobernar para todos porque todos somos diferentes. El problema es cuando unos se creen que sus ideas son las más justas para todo el mundo ¿No es eso un exceso de ego? ¿Realmente somos tan altruistas? No hay que creerse todo lo que pensamos.

No existirá la justicia mientras haya desigualdad. No existirá la desigualdad mientra haya leyes (que defiendan que uno puede poseer miles de hectáreas y otros no puedan aspirar a ninguna). Y no desaparecerán las leyes mientra creamos que unos pocos en representación nuestra las dicten. No se pueden resolver los problemas con nuestros vecinos conjurando unas leyes que pareciesen estar por encima del bien y del mal. Cada problema es único y hay que resolverlo con quien hay que resolverlo: directamente. De lo contrario mantendremos la ley de los más fuertes: los que son mayoría se comen a la minoría. Pero esto no funciona porque en realidad, aunque parezcamos iguales, somos todos individuos diferentes y aunque por mucho tiempo estemos arriba, tarde o temprano pasaremos por abajo.

Quien quiera cambios a futuro, que los haga en el presente: aquí y ahora. Porque “siempre es ahora”.

pd: Aún vendrá alguno a decirme que soy macrista. En fin …

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