Hay varias ideas que rebotan por mi cerebro en los últimos tiempos.
Yo nací en los 70, pero lo que te deja marca es la adolescencia y yo la viví con “Two tribes”, con Reagan, Thaecher y David Bowie, con la creencia en que los misiles rusos apuntaban a Cartagena (escasos 100 km de donde vivía), los paros de los altos hornos y de lejos los gritos de la bruja Avería de “VIVA EL MAL, VIVA EL CAPITAL” que por supuesto no entendía a lo que se referían. Viví la fe en Dios, en la predeterminación de todo cuanto somos a su mandato y el abandono de todo activar que no sea el de salvar mi alma (y sólo mi alma, la de los demás no la puedo salvar yo).
Pero siempre mi madre me llamaba “rebelde”. “Rebelde” ¿Qué es ser “rebelde” cuando eres un niño? ¿Es malo o bueno ser “rebelde”? Desde luego para mi madre era claramente malo por el tono en que me lo decía. Y a mi me afligía pena porque sabía que no le hacía bien. Pero ¿Podía evitarlo?
Tal vez por esa rebeldía hacia el mundo que me había moldeado, sentí que mi posición de rebelde debía de llevarme al extremo opuesto. Es decir, comencé a ver de otro modo esa palabra que tanto asusta a la gente y en la que ven una utopía (como si el capitalismo no fuera una autopía! Acaso alguien aún cree que es sostenible a largo plazo?): el socialismo o comunismo o como se le quiera llamar, izquierda,… qué se yo!
Pareciera que el mundo, desde hace ya un tiempo, se moviera por una línea recta entre dos puntos: la izquierda y la derecha, lo público o lo privado, el estado o el no-estado, etc. Y que en cada momento, en cada lugar, las gentes del lugar deciden (motivados por quién sabe qué, pero desde luego, nunca de forma libre) en qué punto se sitúan de ese universo bidimiensional de la delgada línea que une dos puntos cualesquiera del universo. Y nunca se nos ocurrió pensar que no existen sólo dos dimensiones para resolver el problema sino que las estrategias a seguir son multidimensionales.
Hay tres cuestiones que siempre parecen ser cruciales a la hora de elegir, que pareciesen las piedras de toque de esta sociedad: la educación, la salud y la cultura. Capaz que en ese orden; lo que siempre sí: la cultura la última. Y me preguntaba, realmente, por qué son tan importantes.
La educación es clara. Cumple dos funciones de gran peso en nuestra forma de vivir. Lo primero es que como pensamos que el mundo no va a cambiar, no deseamos educar a nuestro hijo en un mundo en el que claramente no van a encajar. Para que encaje, hemos de esculpirle las caras de la pieza que justo necesita el mundo. De ese modo nos aseguramos que hacemos bien nuestro trabajo, que después no nos vaya a tirar en cara que le dimos una educación “demasiado libre”. Mejor que intente mantener el orden (no importa lo utópico que en realidad sea querer mantener el orden en un mundo que es absoluto caos. Qué demencia nos aflige que no somos capaces de mirar a nuestro alrededor y entender que el orden, tal y como nuestro ego lo prescribe, no existe).
Y desde el lado práctico, lo mejor para los adultos, claramente es que los menores molesten lo menos posible porque para que el orden persista, hay que trabajar y es difícil trabajar si tienes que trabajar también de padre (porque no olvidemos que es un trabajo y que debería honrarnos ya que es nuestra devolución a la vida). Por lo tanto, es mejor que otros hagan mi trabajo de padre, otros especializados en esa tarea, porque a mi la sociedad me formó de ingeniero y no puede prescindir de mi tiempo para que se lo dedique a otros trabajos (como construir mi propio refugio o preparar de forma creativa la energía que me alimenta, las 2 cosas que todos los seres vivos que conocemos hacen, además de reproducirse).
Tal vez si el mundo fuera otro, desde luego, la educación sería otra. Pero de seguro, los cambios en la educación que sugieren la izquierda o la derecha, no van a cambiar en nada los preceptos anteriores y en todo caso profundizarán para afianzar esas dos funciones clave. Si el mundo fuera otro, la educación desde el punto de vista profesional se reduciría y los hijos pasarían al menos la mitad del tiempo que ahora pasan en la escuela con sus padres, familiares y amigos.
Con la salud sucede que hay que hacerla grande para poder asistir en gran medida las enfermedades causadas por nuestro propio modo de vida: accidentes de tráfico, adicción a todo tipo de drogas (sustancias puras y otras más naturales como el alcohol, la hierba o la comida, la televisión, internet o la información en general, a los cultos religioso, político, a la moda o al qué dirán), accidentes laborales debidos a la baja seguridad laboral en la que vive la mayoría de la humanidad (recordemos que los que podemos escribir esto en lugar de estar haciendo trabajos más duros somos unos pocos privilegiados, ni de lejos llegamos a una minoría representativa), al culto al más importante de los hábitos culturales (por el que pasa el resto de la cultura) que es el culto al consumo industrial, cuyo consumo genera residuos que terminan dañando nuestra salud en tanto que producirlos genera enormes cambios en nuestro ecosistema.
Quisiera retomar la idea sobre la que hablaba Vero acerca de que esa falsa preocupación por nuestro ecosistema es un envoltorio para esconder lo que en el fondo es nuestra principal preocupación, la desaparición de la especie humana. Tememos en realidad a la ira de la diosa tierra que clama venganza por algo que sabemos que estamos haciendo mal, por habernos desviado de la naturaleza, todo cuanto nos rodea y de lo que somos claramente parte. Porque las hormigas que nos devorarán, los osos hormigueros que tendrán superávit de hormigas o las hienas cazadoras de osos hormigueros se van a hacer un festín cuando nosotros desaparezcamos. No sólo dejaremos de producir basura al instante sino que nuestros cuerpos (que no son pocos y por todo el planeta) van a dar alimento a nuevas especies y a toda una nueva vida que evolucionará a partir de la desaparición de nuestra especie. Eso es lo que nos asusta. Porque en realidad la exterminación de la raza humana no es el fin de LA evolución sino tan sólo de la nuestra. La evolución sigue su curso como lo seguía antes de que apareciéramos. Y si de algo estamos seguros es que las razones de la evolución no están al alcance de nuestra mente. Al menos no de la despierta.
Y con respecto a la cultura, qué decir. Que en realidad todo es cultura en nuestra forma de vida. “La cultura es nuestro sistema operativo”. Lo que en su momento nos hizo evolucionar hacia esta forma y este ser que ahora somos tiene, como todo, su contrapartida. Y creo que hoy es fácil vislumbrarla. Aspiramos a una cultura universal porque sabemos que de otro modo no nos soportamos. Nos defendemos de nuestro entorno con el escudo de la cultura. Cultura de ricos, cultura de pobres, cultura de clase media, cultura de hippies, cultura de paisanos, cultura de anarquista, cultura de intelectual,… ¿Cuál es la cultura elegida? Ninguna porque la cultura va atada al tiempo. Nunca permanece estática. Por mucho que pretendamos conservarla, la cultura es como el agua en un cesto.
La cultura de la que hablan los políticos es la cultura institucional, la cultura comercial. Cuando la gente habla de recibir más cultura, hablan de consumirla en mayores cantidades y al menor precio posible: centros culturales institucionales, conciertos gratis, ayudas (préstamos, como hacen los bancos) al cine, canales de tv “culturales”, ayuda para poder ver a esos que llaman “grantes artistas”, los que más ganan en realidad. Es decir, mayores dosis de adicción al sistema para no atrevernos a cuestionarlo. Puro consumo.
Otro mundo, sin duda, tendría que rendir otros cultos a otros dioses distintos a los que adoramos hoy día. Esos cultos, esas costumbres son las que forman el conjunto de la cultura.
¿Nadie se cuestiona nunca que lo que necesitamos es precisamente menos educación,más juego, más salud o enfermar menos y menos cultura y más apertura?
Entonces ¿Qué importa la derecha o la izquiera, si en esos 3 aspectos fundamentales no hablan nunca de una reducción de esos tres elementos? Es como aumentar los cuerpos de seguridad conforme aumenta la inseguridad! Es como curar el cáncer en lugar de prevenirlo! Es como vendernos una reducción de la pobreza para evitar lo realmente importante que sería eliminar la riqueza!
Podemos traspasar las ideas de la derecha y de la izquierda, de lo público o lo privado y ver que aparte de posicionarnos más cerca de uno o de otro podemos apostar por otras estrategias como el cooperativismo, el asistencialismo personalizado, el “dar” como política en lugar del “recibir”, el abrazo a los de abajo en lugar de a los dioses. Existen multitud de dimensiones para poder salir de este mundo que creamos y en el que creemos.
Es que seré que estoy dado vuelta del revés y por eso lo veo todo del revés?
Aunque desde acá veo a muchos que tampoco entienden nada.
Andamos por debajo del suelo, pisando el aire.
Que extraño es a veces todo.
