Churrinche

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Siguen saliendo las canciones como churrinches.

Una obra así merece el atributo de Creative Commons. Como toda canción, como toda creación, no es más que puro reciclaje. Eso que se encuentra a mitad de camino entre el plagio y la imposibilidad de copia digital que posee el ser humano cada vez que re-escribe, re-interpreta o re-crea. Por ello y en honor a las musas, esta obra -toda la basura que pueda salir de mi, en general- está a disposición para ser re-plagiada por quien lo desee (no puedo negar a otros que hagan lo que yo hago, sería injusto). Estaba pensando ponerle una licencia Jamón-ware, y que me envíen una patita quienes saquen gran provecho porcino de ella. Pero mejor lo dejamos así, sin nada.

En cuanto a por qué hago, recién entrado en la edad madura, cosas de adolescentes… será porque llego tarde a todo. Por eso en mis sueños se repite que voy a perder un avión? Sueños que resuenan en mi cabeza como las imágenes del aeropuerto en “La Jette”.

Actualización:
Subida la revisión tropecientosmil, ya que llevo toda la semana jugando con el ardour.
Guitarra regrabada gracias a la insistencia de Demián y a su instrumento.
Mark Hollis pasó por casa y dejó este collage de piano de su tema “Colour of the spring”

“Canción al pormayor” y entrevista

 

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Autoentrevista al artista en el futuro conocido como Caldo Gallego.

Pregunta: De dónde sale esta canción?

Respuesta: Es de esas canciones que bien podría hacer al pormayor si le dedicara tiempo. Sale de escuchar por última vez a Drexler. Siempre digo que no lo voy a volver a escuchar y después soy demasiado autoindulgente y termino escuchándolo y me digo “Basta! No me gusta!”. Pero esta es la última vez, lo prometo.

Pregunta: Va a formar parte de algún disco?

Respuesta: La época del disco ya falleció, por suerte. Eso de los discos viene por la necesidad del mercado de poder distribuir sus productos en paquetes, como las galletitas o el bidón de aceite de 5 l. Es una manera de reducir costes de distribución. Al principio eran 10 canciones o 40 min, con los vinilos. Después tuvimos que indigestarnos con paquetes de más de 15 galletitas todas ellas bastante insulsas e industriales (época del CD). Por ello, se puede afirmar con un alto grado de acierto que no, no habrá que hacer una ingesta de 10 o 15 canciones como esta con que torturar a nadie.

Pregunta: Es así de corta por algún motivo?

Respuesta: Sí. Porque aunque hacerla de 4 min es más costoso, para nada requiere el doble de esfuerzo que hacerla de 2 min con todo lo esencial. La mayoría de canciones pop tiene estrofa-estribillo-estrofa-estribillo y muchas veces ni puente. Por qué estirar de esa manera algo que ya contiene todo en esencia? La canción pop perfecta dura 2 min dijo alguna vez algún buen amigo que no recuerdo. Esta es de esas, de las de 2 min, sólo que imperfecta, como todo cuanto hago.Pormayor

Nunca se pierde uno lo suficiente

Hoy ha sido un día muy loco. Están siendo unas semanas muy locas. Suceden cosas para-anormales. Procuro mantener una sonrisa, porque es contagiosa como el bostezo. Y cuando confías, el mundo cambia. Y cuando confías, sonríes.

Viajar es entrar en un nuevo estado de conciencia. Es necesario perderse para viajar de ese modo. Los mapas no muestran el camino. En internet, las cosas realmente alternativas, no están. No lo serían si estuviesen.

Leía el otro día una frase que decía: “siempre elige el camino alternativo”. Era de esos golpes que te rebotan a los días.

El ramadán sacude el ambiente. La luna estimula el lado izquierdo del cerebro. Ves el mundo desde otra perspectiva. Cualquier cosa sucumbe a una sonrisa.

 

 

La cultura es nuestro sistema operativo

Anoche nos reunimos algunos de los que ayudamos en la organización del encuentro para hacer balance. Se habló en general del éxito rotundo que supuso y se hizo una intensa y sana autocrítica en la cual se repetían los términos “política” y “cultura” y sobre los cuales opinaba que tal vez deberíamos de eliminarlos de nuestro discurso si es que realmente aspiramos a un cambio profundo e inclusivo en cuanto a lo que supone un festival artístico. Política, religión y cultura -en realidad, tres caras de la misma moneda, 3 cultos al fin y al cabo- separan, crean rechazos entre grupos humanos.

Quizá no me supe expresar adecuadamente y por ello no dejé toda la noche de darle vueltas. Al despertarme recordé la famosa frase de Terence McKenna que decía que “la cultura es nuestro sistema operativo” y me gustaría profundizar un poco en la idea.
Al igual que los sistemas operativos de nuestras computadoras no pueden correr aplicaciones de otros sistemas operativos y cada vez son más cerrados y restrictivos -imposiciones del mercado-, la cultura, como sinónimo de progreso y civilización, nos ancla a costumbres y ritos unificadores de los cuales nos es muy difícil escapar. Si bien a cambio nos ofrecen la ilusión de unidad, esta se viene abajo en el momento en que las distintas culturas se niegan las unas a las otras: toda cultura se cree “la cultura elegida”.

Por lo tanto, como dice McKenna, la cultura, en realidad, no es nuestra amiga. No al menos la de aquellos que deseamos vivir en paz con nuestros vecinos y a su vez estos con sus otros vecinos hasta llegar a un respeto universal a partir de nodos capaces de comunicarse entre ellos de igual a igual. La cultura unificadora que usamos como sistema operativo destruye algo muy valioso que son nuestras diferencias. Destruye nuestra identidad como seres únicos y creadores.

En nuestra cultura -al menos en la que yo me crié-, dedicamos más tiempo a admirar las obras de una elite de creadores universales -aquellos a los que denominamos “artistas”- que a crear y compartir con quienes nos rodean las obras fruto de nuestra identidad exclusiva, que no es mejor ni peor que la del resto de seres creadores. De este modo nos sometemos como clientes a una oligarquía de servidores de la cultura. Y esta, en mi opinión, es una de las barreras que se franquean en un encuentro como el Tantanakuy. Es cierto que pasaron artistas “reconocidos”, pero igualmente todo quien tuviese algo que expresar tenía cabida y un público al que ofrecérselo. No había horario para estrellas ni escenario para dinosaurios.

Si nuestra madre viese a sus hijos vivir en ranchos sin luz o agua corriente, sin heladera ni televisión satelital, por muy dignamente que viviésemos, lo primero que diría sería: “con la educación y la cultura que os dimos!”. Sencillamente no entendería que existen infinitas maneras de vivir, por mucho que nuestra cultura nos indique un único camino y en primera instancia sentiría rechazo hacia nuestro modo de vida. Y aunque con el tiempo terminase entendiéndolo, todavía sentiría vergüenza a la hora de explicárselo a sus amigas. Porque no olvidemos que nuestras relaciones humanas vienen muy predeterminadas por nuestra cultura: los burgueses no se juntan con los oligarcas ni con los crotos, los hippies no se juntan con los paisanos, y así nuestras realidades apenas llegan más allá de lo que nuestras barreras culturales permiten.

No obstante, McKenna apunta que podemos cambiar nuestro sistema operativo cultural por otro más tolerante y abierto, que es más que posible. La desprogramación es parte de ese proceso. Para ello nos podemos servir de “chamanes” que nos ayuden a transitar esta migración -McKenna aboga por las drogas como medio para conseguirlo- o simplemente ir deconstruyendo ladrillo a ladrillo ese muro de la cultura tras el que nos encerraron desde que nacimos.

Un pequeño universo de cuerpos celestes

Apuntes sobre el 9º Tantanakuy Traslasierra (Parte I y por ahora única)

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En un momento de la noche que fui desde el escenario hasta la cantina, miré atrás y vi cómo en el medio de la oscuridad el escenario resplandecía bajo la sierra tras la que comenzaba a salir tímidamente la luna entre unas pinceladas de nubes blancas. Fue una imagen mágica, de esas difíciles de capturar por una cámara que por un momento eché de menos, pero pensé que mejor me lo guardaba en la memoria y así siempre será un recuerdo más emocional y subjetivo. Al llegar a la cantina, encontré nuevas caras trabajando, gente de entre los asistentes que voluntariamente se ofrecieron a ayudar. Charlé un rato con ellos y me volví. Uno de esos rostros que recordaba envuelto de humo alrededor de la parrilla repleta de choris, nos hizo llorar a todos cuando contó un hermoso cuento en el escenario del quincho el último día, donde asistíamos la mayoría de los participantes con nuestros cuerpos exhaustos tras tres días intensos de esfuerzo y emociones. Ahí me di cuenta que el universo está lleno de estrellas y que estrellas somos todos.

Este Tantanakuy me voló la cabeza. Siento fresco todavía haber asistido a un momento importante de mi vida que en el futuro recordaré de forma especial. He asistido a muchos festivales en mi vida. He acampado durante días en ellos y disfrutado de todas las actuaciones y espectáculos. He comido, bebido, desparramado y disfrutado en casi todos ellos. He asistido a otros donde he trabajado en la organización. Pero por primera vez en mi vida, todo ese orden se dio vuelta. Por primera vez he visto cómo estrellas, público y organizadores eran toda una unidad inseparable. Los payasos dejaban su puesto en la venta de tickets para salir al escenario y hacer reír al público. El público se apuntaba en las grillas para limpiar los baños o asistir a los artistas en el escenario. Y los artistas dejaban su instrumento y al día siguiente no se movieron de los fogones donde se preparaban los guisos o cortaron pilas de verduras. Durante todo el festival, cuantos participamos lo hicimos para dar y sólo para dar. Nadie esperaba recompensa a cambio, ni los artistas cuando actuaban -salvo los aplausos- , ni los organizadores mientras servían comida a una cola de hambrientos y sedientos, ni el público, que éramos todos, cuando hubo que limpiar. Todos éramos estrellas brillando en la noche de un universo generoso y benevolente.

Si eludimos este detalle, el resto de crónicas dirán que fue un festival más que correcto, donde todo salió a pedir de boca, donde los artistas dieron todo de sí, la organización funcionó sin tropiezos y donde el público, es decir, todos, disfrutamos intensamente. Podríamos puntualizar que no era en realidad un festival sino un encuentro y todos cuanto asistieron a el -salvo escasas excepciones- lo entendieron a la perfección. Si a mi me hubiesen contado antes, con mi esquema mental menos desprogramado, no habría podido creer que un encuentro “cultural” así pudiera suceder. Pero lo cierto es que funciona y funciona solo, sin apenas necesidad de dar muchas explicaciones. A nadie le chirrió lo que allá sucedió y todo el mundo lo encajó perfectamente.

Esto fue un encuentro y todo lo que dejamos atrás, es lo que en adelante llamaremos festival “cultural”. Por fin podemos vislumbrar el fin de una “cultura” que sólo sirve para separar: cultura de ricos, cultura de pobres, cultura de clases medias, cultura de neo-rural hippies, … Si bien estamos aún lejos de ese objetivo, algunos pensamos que podría ser posible. Que los humanos somos uno y no podemos olvidar que somos uno solo con la naturaleza, con el universo que nos envuelve, a quien nuestros problemas “culturales” le importa bien poco.