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Preparativos Tantanakuy 2018

Escribía lo siguiente con la idea de capaz leerlo en la reunión preparatoria del Tantanakuy 2018 que justo coincidía con la votación para la despenalización del aborto:

En tiempos donde cada vez es más radical la separación y la desarticulación en la defensa de nuestros derechos; en tiempos donde los medios nos atraviesan la piel para formar un apéndice de nuestro cuerpo que llevamos allá donde vamos; en estos tiempos que nos quieren hacer ver como grises y opacos, en los que nos quejamos de hacia dónde están llevando este tren a punto de descarrilar, donde la depresión ahoga nuestro día a día,… ahora más que nunca, el encuentro se hace necesario y la alegría de celebrarlo ha de estar presente.

Yo soy un loco, los que me conocen ya lo saben. Pero para quienes no me conocen tanto o quienes no acaban de formarse una idea a través de mi atropellado torrente de palabras y gestos, quiero dejar bien claro que no es mi postura contraria al recorte de derecho alguno. Nunca lo fue y nunca lo será. Siento que la libertad debería de ser el primer derecho inalienable de todo ser vivo. Pero en esta moderna forma de sociedad global dominada por unos pocos en la que nos tocó vivir, hacernos creer que la libertad se puede dar sin responsabilidad, simplemente por decreto o a través de leyes es un camino que siento que no nos conduce al bien común. No me cansaré de repetir que no podemos actuar libremente si no actuamos de forma responsable y consciente. Precisamente por eso el poder intenta separar los términos libertad y responsabilidad y nos quiere hacer creer que la libertad de nuestros actos pueda venir condicionada por una serie de leyes que cubran la totalidad de los casos posibles y eso es como pretender que la ciencia lo pueda explicar todo o como intentar sacar toda el agua del mar con un cubo para enterrarla en la arena.

Ahora, las formas que están adoptándose en la lucha por nuestros derechos es lo que me genera malestar porque siento que éstas formas entran en total conflicto con el fondo de la cuestión. Cada vez estoy más convencido de que el poder está sentado observándonos salir a la calle mientras se frotan las manos Más que temor, al poder, nuestros actos le generan satisfacción porque en el fondo saben que mientras permanecemos desunidas, ellos tienen todas las de ganar.

En este valle que habitamos, se hacen encuentros de masculinidad a los que no asisten mujeres, encuentros de mujeres a los que no asisten hombres, vamos a marchas en las que insultamos e increpamos a los votantes de determinados partidos, nos dividimos entre paisanos nacidos y criados y jipis trasplantados y en general creemos que la nuestra es la forma correcta y excluimos a las demás… mientras que exista esta división, el poder seguirá pisoteándonos puesto que todas sabemos que no hay lucha liberadora que excluya el grito de que “sólo unidas podemos vivir en paz”. Todas sabemos que no podremos liberarnos hasta que nuestro ego, que opera en contra de todos los demás egos creyéndose el ego elegido, descanse y nos permita ser nosotras mismas. Nos permita simplemente SER.

Siento que nos debemos unos encuentros donde debatir todos estos temas en busca de unión y complicidad y no de separación y exclusión. Capaz que por ello tiene cierta lógica que cada vez que nos juntamos para organizar este encuentro, lo primero que saltan son toda esta serie de desencuentros que nos azotan día a día. No obstante, cada año que pasa siento que el Tantanakuy sigue siendo uno de los escasos momentos en que el encuentro ciertamente se da y por eso no se pierde por completo la magia, a pesar de la magia negra que el poder opera sobre nosotras.

Disculpen que me repita como el ajo, pero siento que la única manera de hacer frente al poder de unos pocos que nos intenta dominar con unos medios y una violencia salvaje como nunca antes ha conocido esta especie, sólo se puede articular desde abajo. Desbancar el poder actual para sustituirlo por otro no elimina el poder sino que lo perpetúa. Tenemos que recuperar para ello la idea de comunidad y toda comunidad libre empieza desde abajo, desde nuestro vecindario, desde el territorio que habitamos todas, cada una en el suyo y a su manera y con respeto, pero nunca imponiendo y menos desde arriba, por tentadoras que parezcan nuestras ideas “liberadoras”.

Todas sabemos que si plantásemos cuantas semillas tenemos alrededor, educásemos y cuidásemos a nuestros seres queridos en el amor, en el dar y en la alegría, si nos organizamos para que no nos falten un buen puñado de necesidades básicas que todo ser vivo necesita para que la vida no se marchite,… si todo esto se diese, la inflación, las fuerzas de seguridad que blindan al poder, la legislación sobre nuestros derechos o la idea de la escasez no nos afectarían como actualmente lo hacen. Pero mientras esperemos que esos cambios vengan de arriba, acá abajo los palos no van a parar. Nuestra fuerza no va a echar a andar hasta que no empujemos el carro y eso se hace de a poquito y entre todas, como sucede en el Tantanakuy.

Estar pendientes de lo que un grupo de garcas fachos que se hacen llamar legisladores decidan sobre nuestras vidas, es en mi opinión (me perdonen), una pérdida de nuestra soberanía. Nunca el poder estuvo tan lejos del pueblo como en estos tiempos en los que poder opera hasta en el más recóndito de nuestros lugares íntimos a través de sus medios, esos pequeño dispositivos que todas llevamos encima como el collar de un perro cuando pasea por la ciudad. El tiempo que dedicamos a seguirlos, es lo que los alimenta y los engorda y es tiempo que no dedicamos a plantar las semillas de nuestra futura libertad. El malestar que nos generan sus decisiones nos causa depresión y ellos saben de sobra que la depresión imposibilita la actuación, mientras estamos deprimidos, no nos podemos gobernar, no somos dueños de nuestras vidas y la vida nos pasa como un drama del que no participamos más que pasivamente. La palabra Historia, tenía originalmente relación con los términos idea o visión. Recuperemos el control de nuestra historia y decidamos cuál es la historia que queremos vivir mirando al futuro y no al pasado.

Permitanme por último recordar los que a mi modo de ver son algunos de los logros del Tantanakuy y es que conseguimos compartir momentos de música, teatro y otras artes en total comunión entre público, organizadores y artistas: no hay clases. No nos hacen falta subsidios ni agradecimientos ni servidumbre ya que cuando se DA realmente, no hay que agradecer a nada ni a nadie más que a la vida por habernos juntado. Somos capaces de generar encuentro en contra del esfuerzo del poder por separarnos y somos capaces de organizarnos sin jerarquías ni autoridad. Respetamos opiniones y expresiones artísticas que no son las nuestras y nos descubrimos en el otro a través de su esfuerzo. Si todas estas capacidades las pudiésemos aplicar a la generación de alimentos, a la educación, al cuidado de la salud y al de las personas en el grado en que lo conseguimos en el Tantanakuy, podríamos decir chau a toda la gobernanza que nos oprime. Por eso más que nunca, a pesar del dolor que a todas nos genera esta forma de vida que a veces nos arrastra, tenemos que ondear la bandera de nuestros logros para seguir imaginando la que podría ser nuestra historia, la que entre todas hacemos.

Aquí y ahora, las posibilidades son prácticamente infinitas. Todo está en nuestras manos.

Como recordaba Zibechi, compañeras son las que comparten el pan.

Gracias por escuchar.

Tantanakuy 2017: Punto de inflexión

Estas son algunas de las ideas que me temo, no supe expresar correctamente en el plenario del Tantanakuy del pasado sábado 2 de Septiembre:

Me asusta la idea de que piensen que no siento sus miedos. Los siento y empatizo con ellos hasta el punto de que se me humedecen los ojos y se me cierra la garganta. En lo único en que diferimos es que, quizá por mi historia, quizá por mi carácter, quizá por el momento que estoy viviendo o una mezcla de todo, estos son unos miedos que me activan a trascenderlos de una manera diferente a la que habitualmente nos defendemos de ellos. Creo, más que nunca, que otros caminos son posibles.

Salir a las plazas e increpar de la forma que he visto estos días, me parece claramente un suicidio, el camino más directo para que acaben con nosotras y la mejor manera que tiene el poder para dividirnos, porque recordemos, dividir es la estrategia que siempre tuvo el poder para vencernos. Y esta, como todas las luchas no se dirime en una guerra entre el bien y el mal. No existen bien y mal absolutos. Siento que esta debería ser una lucha por aceptar que luz y oscuridad son parte de la misma naturaleza, que no existen la una sin la otra y que no podemos acabar con alguna de ellas sin acabar con nosotras mismas.

Nuestro objetivo no debería ser acabar con “el otro” sino reconciliarnos con el y caminar juntos. El otro nos da miedo, nos amenaza y sus tentáculos llegan hasta nuestros vecindarios, hasta nuestras asambleas, impregna nuestra vida cotidiana de angustia. Eso se siente más que nunca. Pero esta angustia no viene generada sólo por el daño que nos puede hacer; en el fondo la angustia viene dada porque sabemos que no podemos acabar con ese mal porque es parte de nuestra naturaleza. Nadie está exento de el. Se nos dijo infinidad de veces que si no podés con tu enemigo, siempre podés unirte a el: integrarlo, aceptarlo. Pero eso no será posible mientras no cese la lucha. Y las causas por las que se están luchando no son las de unos u otros: son las de todas. Es el poder, nuestra demencia la que nos hace pensar que el otro nos desea el mal. Y está en nuestras manos y sólo en las nuestras convencerle de qué es lo mejor para todas, para poder vivir en paz con nosotras mismas.

Por eso algunas repetimos una y otra vez la idea de la integración. Los que han votado al “otro” partido no son nuestros enemigos: los que ostentan el poder lo son y tienen tanto poder porque se lo hemos dado nosotras, con nuestros votos. Son ellos los que nos han “partido”, los que nos han dividido y la lucha no debería ser para acabar unos con los otros o los otros con los unos sino para borrar esas barreras que la mal-llamada democracia partidaria nos ha impuesto.

Por eso algunas defendemos el Tantanakuy como un espacio de creación e integración que nada tiene que ver con las marchas en las calles. Eso no quita que cada individuo manifieste en el sus inquietudes o se las calle. Pero si no propiciamos un lugar de ENCUENTRO real, la integración con el otro nunca se va a dar. Si anteponemos nuestras barreras, nuestros carteles y nuestros gritos, el otro nunca se va a acercar, le estamos repeliendo y menospreciando, nos estamos creyendo superiores y tachamos al otro de alienado.

Medios y miedos son dos palabras casi idénticas; sólo cambia el orden de las letras. Siento que el Tantanakuy, más que nunca, está cooptado por el miedo contagiado por los medios y que este nos paraliza en el camino a la reconciliación. Ninguna lucha puede ganarse con miedo, todas lo sabemos. Siento que los tibios pasos dados estos años en pos de un verdadero ENCUENTRO en este lugar al cual no pertenecemos todas de la misma manera, los vamos a revertir. Que para vencer hay que convencer y que a nadie se le puede convencer a los gritos. Que si la tranquera está pintada con carteles que repelen al otro, nunca se va a poder producir tan encuentro, nunca vamos a poder convencerles de que nuestras luchas, en el fondo, son todas las mismas. Que la vida no es que gane Boca o River: la vida es el juego, es el camino. Y el camino es el encuentro.

Addendum:

Anoche hablábamos en casa de la situación política y me levanté hoy con ganas de aclarar algunas posiciones.

No soy de izquierdas y siento que por eso mi floja crítica al actual gobierno de derechas pueda generar desconfianza. Es la misma que hacía cuando gobernaba la izquierda-derecha. No creo en lo que llaman democracia y a la que siempre le quitan el apellido “capitalista”. No existe ninguna democracia real, todas son hijas más o menos bastardas de las relaciones entre los diferentes poderes para garantizar nuestro continuo estado de sometimiento. Claro está que no me gusta que me repriman por expresar lo que siento (escribir esto me podría incluir en una “célula” terrorista) pero me parece igualmente hipócrita aceptar las migajas sin que me repriman. No deja de recordarme que es una calma transitoria necesaria para que no estalle todo.

No creo que sea necesaria gobernanza alguna. Es posible que para quienes viven apiñados en las ciudades se haga necesaria una aplicación más extrema de medidas para que se cumplan unos mínimos códigos. No sabría si es que al vivir de forma tan alienada es necesario un mayor control o el control se ejerce para alienarnos. La alienación se consigue en las ciudades privándonos de todo contacto con la naturaleza (más allá de las tormentas, el canto de algunos pájaros o las escasas flores y árboles de los parques). La única naturaleza omnipresente en las ciudades es la humana. La gobernanza es una parte inherente a las ciudades (hasta para la comunidad de vecinos hemos de contratar a un gestor. Ni siquiera entre una docena de vecinos podemos ponernos de acuerdo).

Algunas nos alejamos de las ciudades huyendo del control omnipresente sobre nuestras vidas. Eso no quiere decir que fuera de ellas abandonemos el grado de responsabilidad que comportan nuestra toma de decisiones libre y no se me ocurre mayor castigo a esta falta de responsabilidad que el desprecio de nuestros vecinos sin los cuales (suponiendo que el dinero no lo pudiera conseguir todo) no podríamos subsistir.

En mi búsqueda de formas de autogestión no dependientes de los grandes poderes procuro unirme con gentes afines, cualquiera de mis vecinos, más allá de sus votos. Recordemos que esta forma de control a nivel mundial en la que vivimos es algo reciente, apenas una decena de siglos atrás, la falta de medios de comunicación y telecomunicación (que aparentemente tanto progreso nos han traído) impedían que se pueda ejercer tal nivel de control.

Por todo eso, el Tantanakuy lo sentí como un espacio de creación conjunta de bienes culturales totalmente independiente y autogestivo que es capaz de avanzar más allá de quienes intenten gobernarnos, más allá de las condiciones climatológicas, más allá de los recursos más que limitados, simplemente con las ganas y el esfuerzo de todas. Es por eso que me entristece cuando las fuerzas políticas (macro-políticas) intentan tomarlo como su bandera y me siento como si bombardearan el barco pirata en el que navegamos.

Si en aquel mundo dominado por monopolios depredadores, por la esclavitud, la autocracia y el racismo, los Piratas históricos se dieron a sí mismos igualdad, libertad, autodeterminación y auténtica convivencia multicultural, ignorando toda corrección política de su tiempo, entonces es que reivindicamos su bandera, su legado y su nombre.

Porque nosotros crecimos en la periferia de lo que algunos llaman ilegalidad, navegando caóticos mares culturales, habitando unas pocas y remotas islas liberadas y no conocemos otra forma de organizamos que no sea bajo un principio de convivencia igualitaria: las Redes de Pares.

Resistimos entonces los monopolios del conocimiento, la cultura, y el patentamiento de la vida, así como nos resistimos a las metrópolis del presente que depredan los recursos naturales en sus colonias: el planeta entero.

Extracto del “Manifiesto del Partido Pirata

Trompas

Creemos los humanos que el resto de seres de la creación son inferiores porque “son irracionales” o digamos, menos racionales que nosotros. Y seguramente lo sean.

Como al elefante o al oso hormiguero le es útil su desarrollada trompa, del mismo modo al homo sapiens le es util su desarrollado cerebro. Pero visto que lo que nos diferencia del resto de seres vivos que conocemos, no es nada -unos con mayor trompa, otros con mejor olfato, otros capaces de volar, … pero al fin y al cabo, todos haciendo lo mismo: vivir-, bueno sería recordar que no hay absolutamente ningún motivo racional que demuestre que somos superiores desde el punto de vista de la evolución. Un día aparecimos y un día desapareceremos. Nada nos puede hacer pensar que un día no vayamos a desaparecer y que sólo nuestras huellas quedarán como lo hicieron muchas otras especies por el camino. Y seguro que todas ellas pensaron que jamás desaparecerían mientras disfrutaban (o sufrían) su periodo de existencia.

Cuando nos pongamos frente a un elefante, probablemente piense: “mira estos humanos, con su desarrollado cerebro, se creen los reyes. Si tuvieran mi trompa y de ese modo pudiesen alimentarse y reproducirse como yo, no tendrían que estar todo el día peleándose entre ellos para ver quien es el que más razón tiene”.

Claramente, nuestro desarrollado cerebro no es más que un arma de supervivencia más en un mundo sin orden para el que no somos ni más ni menos especiales. Sólo nosotros con nuestro desarrollado cerebro somos capaces de pensar en algo así y eso precisamente es lo que nos produce tanta infelicidad.

Yo, en mi próxima vida, me pido trompa ;-D

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Pasear por las calles comerciales de mi ciudad natal es como vivir en zombielandia, en la capital de los muertos vivientes.

Bajo la prolijidad del mundo aparente que domina las ciudades del llamado primer mundo no hay más que una industria de creatividad nula o negativa. Las leyes están creadas para impedir la copia de la música, los diseños o cualquier obra de lo que ellos mismos consideran arte. No es que sintamos que son obras de arte. No. Sabemos que es arte por el mero hecho de que ellos dictan que lo es y por ello se protegen. Que loco no? Quién vino antes? El huevo o la gallina? Y por qué alguien querría copiar obras tan banales y tantas veces copiadas antes?

No solo las obras protegidas son de una creatividad inexistente sino que la gente paga por ellas!!! Es decir. Si yo monto un negocio y quiero crear imagen de marca, imprimo unas camisetas con el logo y el nombre de la empresa y se las regalo a mis clientes y amigos. Ninguno me pagaría 20 € por una camiseta que no es más que una pancarta de publicidad!!! Pero incluso suponiendo que la imagen de marca sea simpática, como mucho llevarían la camiseta y presumirían de ser amigos o clientes como gesto de recompensa.

Pues bien. En zombielandia, los feligreses de la iglesia del consumismo pagan por abanderar el logo de las empresas que dominan sus gustos y así rinden culto con el acto por excelencia de comunión con el orden sagrado: consumiendo y propagando la fe en el consumo y en el movimiento de capitales para poder llenar nuestra necesidad de SER.

Por suerte, al otro lado del espejo, todo el mundo se vuelve del revés.

Adendum (El aire bajo mis pies)

Hoy hablan algunos de cambios hacia la derecha. Ellos preferirían un cambio a la izquierda. Pero digo yo ¿De qué cambio hablamos? Todos imaginamos nuestros mundos ideales. Pero nuestros deseos no son universales. La derecha pide cambios que realmente cree beneficiosos: cree en el poder del mercado para reordenar el mundo, cree que disminuyendo el estado seremos mas libres, etc. Yo no se si son buenos o malos, lo único que se es que creen en el poder benefactor de esos cambios, al menos para ellos. En eso no son hipócritas.

La izquierda cree en un mayor control por parte del estado y en una redistribución de la riqueza (que no debería de existir, es contra-natura. Pero nadie se plantea eliminarla, es decir, acabar con las leyes que son las que sostienen este expolio perpetuo). Cree en el productivismo (como la derecha) y en el consumo, no sólo para unos pocos, peor, para todos! Cree que los pobres deberían de vivir como los ricos. No se plantean consumir menos sino más, eso sí, todos. Ninguna izquierda (salvo algunas más reales, que han llegado más lejos en sus postulados y las que más amenazan la libertad individual) se propone realmente reducir el consumo. Pero nadie hace hincapié en la responsabilidad personal ni en el autocontrol y la sostenibilidad. Todo lo arreglan con prohibición y todos sabemos que ese camino deriva en frustración y que la frustración no mejora sino que empeora nuestras vidas.

Todo el mundo desea cambios (es el lema más usado en cualquier campaña política). Pero no hace falta mover un dedo para que esos cambios sucedan. El mundo vive en un continuo devenir, nada permanece inerte. No olvidemos que no nos podemos separar del proceso evolutivo que significa estar vivos. Cuando hablamos de cambios en un sentido político, en realidad buscamos que las cosas cambien en la forma que nosotros mismos deseamos. Pero los cambios nunca son estables. Transformar lo exterior es un proceso que requiere un continuo apuntalamiento. Los taoistas hablan de no precipitar esos cambios, del fluir, de la no-acción (wu wei). Ese ideal de cambiar el mundo ¿No podría ser la más pura expresión de nuestro ego? Nada es mejor ni peor. Desear nos genera frustración dicen los budistas, es la causa de todos nuestros males en la tierra.

Eso, por supuesto no quiere decir quedarse siempre de brazos cruzados (aunque no hemos de olvidar que no hacer nada también genera cambios). Lo que quisiera llegar a aprehender es que los cambios importantes no sólo vienen de arriba (dios o estado). Los cambios realmente importantes son hacia adentro. “No hay otros mundos, pero sí otros ojos”. Recordar que el mundo no va a sufrir cambio alguno hacia un estado mejor por siempre, por muy buenas intenciones que tengamos. No vamos nunca a encontrar un estado de gracia que dure eternamente. Los budistas llaman a ese estado el nirvana y no es una consecución colectiva ni política sino puramente personal.

El aire bajo mis pies

Hay varias ideas que rebotan por mi cerebro en los últimos tiempos.

Yo nací en los 70, pero lo que te deja marca es la adolescencia y yo la viví con “Two tribes”, con Reagan, Thaecher y David Bowie, con la creencia en que los misiles rusos apuntaban a Cartagena (escasos 100 km de donde vivía), los paros de los altos hornos y de lejos los gritos de la bruja Avería de “VIVA EL MAL, VIVA EL CAPITAL” que por supuesto no entendía a lo que se referían. Viví la fe en Dios, en la predeterminación de todo cuanto somos a su mandato y el abandono de todo activar que no sea el de salvar mi alma (y sólo mi alma, la de los demás no la puedo salvar yo).

Pero siempre mi madre me llamaba “rebelde”. “Rebelde” ¿Qué es ser “rebelde” cuando eres un niño? ¿Es malo o bueno ser “rebelde”? Desde luego para mi madre era claramente malo por el tono en que me lo decía. Y a mi me afligía pena porque sabía que no le hacía bien. Pero ¿Podía evitarlo?

Tal vez por esa rebeldía hacia el mundo que me había moldeado, sentí que mi posición de rebelde debía de llevarme al extremo opuesto. Es decir, comencé a ver de otro modo esa palabra que tanto asusta a la gente y en la que ven una utopía (como si el capitalismo no fuera una autopía! Acaso alguien aún cree que es sostenible a largo plazo?): el socialismo o comunismo o como se le quiera llamar, izquierda,… qué se yo!

Pareciera que el mundo, desde hace ya un tiempo, se moviera por una línea recta entre dos puntos: la izquierda y la derecha, lo público o lo privado, el estado o el no-estado, etc. Y que en cada momento, en cada lugar, las gentes del lugar deciden (motivados por quién sabe qué, pero desde luego, nunca de forma libre) en qué punto se sitúan de ese universo bidimiensional de la delgada línea que une dos puntos cualesquiera del universo. Y nunca se nos ocurrió pensar que no existen sólo dos dimensiones para resolver el problema sino que las estrategias a seguir son multidimensionales.

Hay tres cuestiones que siempre parecen ser cruciales a la hora de elegir, que pareciesen las piedras de toque de esta sociedad: la educación, la salud y la cultura. Capaz que en ese orden; lo que siempre sí: la cultura la última. Y me preguntaba, realmente, por qué son tan importantes.

La educación es clara. Cumple dos funciones de gran peso en nuestra forma de vivir. Lo primero es que como pensamos que el mundo no va a cambiar, no deseamos educar a nuestro hijo en un mundo en el que claramente no van a encajar. Para que encaje, hemos de esculpirle las caras de la pieza que justo necesita el mundo. De ese modo nos aseguramos que hacemos bien nuestro trabajo, que después no nos vaya a tirar en cara que le dimos una educación “demasiado libre”. Mejor que intente mantener el orden (no importa lo utópico que en realidad sea querer mantener el orden en un mundo que es absoluto caos. Qué demencia nos aflige que no somos capaces de mirar a nuestro alrededor y entender que el orden, tal y como nuestro ego lo prescribe, no existe).

Y desde el lado práctico, lo mejor para los adultos, claramente es que los menores molesten lo menos posible porque para que el orden persista, hay que trabajar y es difícil trabajar si tienes que trabajar también de padre (porque no olvidemos que es un trabajo y que debería honrarnos ya que es nuestra devolución a la vida). Por lo tanto, es mejor que otros hagan mi trabajo de padre, otros especializados en esa tarea, porque a mi la sociedad me formó de ingeniero y no puede prescindir de mi tiempo para que se lo dedique a otros trabajos (como construir mi propio refugio o preparar de forma creativa la energía que me alimenta, las 2 cosas que todos los seres vivos que conocemos hacen, además de reproducirse).

Tal vez si el mundo fuera otro, desde luego, la educación sería otra. Pero de seguro, los cambios en la educación que sugieren la izquierda o la derecha, no van a cambiar en nada los preceptos anteriores y en todo caso profundizarán para afianzar esas dos funciones clave. Si el mundo fuera otro, la educación desde el punto de vista profesional se reduciría y los hijos pasarían al menos la mitad del tiempo que ahora pasan en la escuela con sus padres, familiares y amigos.

Con la salud sucede que hay que hacerla grande para poder asistir en gran medida las enfermedades causadas por nuestro propio modo de vida: accidentes de tráfico, adicción a todo tipo de drogas (sustancias puras y otras más naturales como el alcohol, la hierba o la comida, la televisión, internet o la información en general, a los cultos religioso, político, a la moda o al qué dirán), accidentes laborales debidos a la baja seguridad laboral en la que vive la mayoría de la humanidad (recordemos que los que podemos escribir esto en lugar de estar haciendo trabajos más duros somos unos pocos privilegiados, ni de lejos llegamos a una minoría representativa), al culto al más importante de los hábitos culturales (por el que pasa el resto de la cultura) que es el culto al consumo industrial, cuyo consumo genera residuos que terminan dañando nuestra salud en tanto que producirlos genera enormes cambios en nuestro ecosistema.

Quisiera retomar la idea sobre la que hablaba Vero acerca de que esa falsa preocupación por nuestro ecosistema es un envoltorio para esconder lo que en el fondo es nuestra principal preocupación, la desaparición de la especie humana. Tememos en realidad a la ira de la diosa tierra que clama venganza por algo que sabemos que estamos haciendo mal, por habernos desviado de la naturaleza, todo cuanto nos rodea y de lo que somos claramente parte. Porque las hormigas que nos devorarán, los osos hormigueros que tendrán superávit de hormigas o las hienas cazadoras de osos hormigueros se van a hacer un festín cuando nosotros desaparezcamos. No sólo dejaremos de producir basura al instante sino que nuestros cuerpos (que no son pocos y por todo el planeta) van a dar alimento a nuevas especies y a toda una nueva vida que evolucionará a partir de la desaparición de nuestra especie. Eso es lo que nos asusta. Porque en realidad la exterminación de la raza humana no es el fin de LA evolución sino tan sólo de la nuestra. La evolución sigue su curso como lo seguía antes de que apareciéramos. Y si de algo estamos seguros es que las razones de la evolución no están al alcance de nuestra mente. Al menos no de la despierta.

Y con respecto a la cultura, qué decir. Que en realidad todo es cultura en nuestra forma de vida. “La cultura es nuestro sistema operativo”. Lo que en su momento nos hizo evolucionar hacia esta forma y este ser que ahora somos tiene, como todo, su contrapartida. Y creo que hoy es fácil vislumbrarla. Aspiramos a una cultura universal porque sabemos que de otro modo no nos soportamos. Nos defendemos de nuestro entorno con el escudo de la cultura. Cultura de ricos, cultura de pobres, cultura de clase media, cultura de hippies, cultura de paisanos, cultura de anarquista, cultura de intelectual,… ¿Cuál es la cultura elegida? Ninguna porque la cultura va atada al tiempo. Nunca permanece estática. Por mucho que pretendamos conservarla, la cultura es como el agua en un cesto.

La cultura de la que hablan los políticos es la cultura institucional, la cultura comercial. Cuando la gente habla de recibir más cultura, hablan de consumirla en mayores cantidades y al menor precio posible: centros culturales institucionales, conciertos gratis, ayudas (préstamos, como hacen los bancos) al cine,  canales de tv “culturales”, ayuda para poder ver a esos que llaman “grantes artistas”, los que más ganan en realidad. Es decir, mayores dosis de adicción al sistema para no atrevernos a cuestionarlo. Puro consumo.

Otro mundo, sin duda, tendría que rendir otros cultos a otros dioses distintos a los que adoramos hoy día. Esos cultos, esas costumbres son las que forman el conjunto de la cultura.

¿Nadie se cuestiona nunca que lo que necesitamos es precisamente menos educación,más juego, más salud o enfermar menos y menos cultura y más apertura?
Entonces ¿Qué importa la derecha o la izquiera, si en esos 3 aspectos fundamentales no hablan nunca de una reducción de esos tres elementos? Es como aumentar los cuerpos de seguridad conforme aumenta la inseguridad! Es como curar el cáncer en lugar de prevenirlo! Es como vendernos una reducción de la pobreza para evitar lo realmente importante que sería eliminar la riqueza!

Podemos traspasar las ideas de la derecha y de la izquierda, de lo público o lo privado y ver que aparte de posicionarnos más cerca de uno o de otro podemos apostar por otras estrategias como el cooperativismo, el asistencialismo personalizado, el “dar” como política en lugar del “recibir”, el abrazo a los de abajo en lugar de a los dioses. Existen multitud de dimensiones para poder salir de este mundo que creamos y en el que creemos.

Es que seré que estoy dado vuelta del revés y por eso lo veo todo del revés?
Aunque desde acá veo a muchos que tampoco entienden nada.
Andamos por debajo del suelo, pisando el aire.
Que extraño es a veces todo.

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Carta a mis amigos kichneristas

Me preocupan aquellos amigos que creía más al margen de la política y en realidad lo que sucedía era que la coyuntura anterior, de un modo u otro, les beneficiaba. Ahora que se dio la vuelta la tortilla les oigo quejarse como nunca antes y empiezo a dudar de sus buenas intenciones.

Yo no creo en eso que llaman “la democracia”, en eso de que “uno vota de forma libre”. Nadie es libre, aunque aspiremos a serlo. Pero lo peor es que quienes defienden el régimen anterior, defiendan con la misma vehemencia la democracia representativa ¿Qué quiere decir? ¿Que ellos sí que votaron libremente y los que votaron a los contrarios no lo eran? Porque las reglas del juego son las que son y si las aceptas, has de aceptar, como aceptan los seguidores de Boca, por muy iracundos que se pongan, que a veces gana River. Putearán y destrozarán lo que se les ponga por en medio, pero no se les ocurre cuestionarse las reglas del juego. La política, tal y como la conocemos, no dista mucho del fútbol: en ambos campos se compite.

Lo que más me irrita es que cuando ellos ganan, pareciera ser porque la verdad universal se ha hecho luz y se ha reencarnado en los ideales que ellos sostienen pero cuando ganan los otros, jugando con las mismas reglas, les parezca que son unos pelotudos, que no piensan, que repiten lo que les dicen los medios,… ¿Y no se les pasa por la cabeza que los contrarios piensan exactamente lo mismo de ellos? ¿Nunca se les ocurrió cuestionarse que también ellos estaban coaccionados a la hora de votar? ¿Qué se creen, los elegidos? O se gobierna para gatos, o se gobierna para ratones. Pero no son mejores unos que otros, aunque los primeros se coman a los segundos (las lauchitas de casa se comen nuestro arroz también. Al fin y al cabo ¿Quién ocupó el terreno de quién?).

No digo que no haya grados en la forma de gobernar de unos y otros. Lo que digo es que no hay grados a la hora de defender la idea de que nos gobiernen; que no importa quién sea, del color que sea o su creo, gobernar es gobernar: o gobiernan para unos, o gobiernan para otros. Pero nunca se puede gobernar para todos porque todos somos diferentes. El problema es cuando unos se creen que sus ideas son las más justas para todo el mundo ¿No es eso un exceso de ego? ¿Realmente somos tan altruistas? No hay que creerse todo lo que pensamos.

No existirá la justicia mientras haya desigualdad. No existirá la desigualdad mientra haya leyes (que defiendan que uno puede poseer miles de hectáreas y otros no puedan aspirar a ninguna). Y no desaparecerán las leyes mientra creamos que unos pocos en representación nuestra las dicten. No se pueden resolver los problemas con nuestros vecinos conjurando unas leyes que pareciesen estar por encima del bien y del mal. Cada problema es único y hay que resolverlo con quien hay que resolverlo: directamente. De lo contrario mantendremos la ley de los más fuertes: los que son mayoría se comen a la minoría. Pero esto no funciona porque en realidad, aunque parezcamos iguales, somos todos individuos diferentes y aunque por mucho tiempo estemos arriba, tarde o temprano pasaremos por abajo.

Quien quiera cambios a futuro, que los haga en el presente: aquí y ahora. Porque “siempre es ahora”.

pd: Aún vendrá alguno a decirme que soy macrista. En fin …

Algunas ideas que provocan sinapsis cruzadas en mi cada vez más amnésico cerebro: La madurez, la vida y la razón.

 

Agujero de luz
Agujero de luz

La madurez

Entré hace poco en una etapa de la vida a la que comúnmente se la denomina madurez. Viví las anteriores etapas casi sin hacer apenas reflexión sobre el paradigma que regía cada una de ellas y cómo iban cayendo uno tras otro. Pero por primera vez, miro hacia atrás y me encuentro como cuando miras tu imagen entre dos espejos. No se si se imagina.

De todos modos, esto de la madurez conlleva a groso modo unas consecuencias, a saber:

  1. Que en mi cerebro, de igual volumen (aprox.) al que tenía cuando era adolescente, hay guardadas más secuencias de las que había entonces. O debería, porque realmente no tengo la sensación de acumulación y por eso quizá, en la práctica, cada vez me parece que recuerdo menos cosas o que he borrado muchas antiguas para hacer hueco a las nuevas. O eso, o es que quizá nuestro cerebro no adquiere esas secuencias sino que están grabadas y tan sólo las leemos, por poner una versión más determinista de la vida.
  2. Que ni de lejos siento de la misma manera que en las etapas anteriores. No se si esto es mejor o peor. Evolutivamente, no tendría sentido juzgarlo. Simplemente, es. Ni mejor ni peor. Por eso, a menudo me pasa que cuando hablo con alguien que vive en otra fase por la que yo he pasado, me veo como cuando entonces yo hablaba con un maduro, que nos era difícil entendernos porque el prisma a través del cual vemos, es distinto.
  3. No ha cambiado, sin embargo, que me siga angustiando el futuro alguna que otra vez cuando me despierto. Qué cagada no haber podido remendar esto todavía. Espero no arrastrarlo hasta la vejez.
  4. Todo el resto de ideas que exponga, sin duda van a estar afectadas por este cambio psicofísico.

La vida

Miro a mi alrededor y me percato de que absolutamente todos los llamados “seres vivos” hacen sin excepción 3 cosas: adquirir energía (alimentarse), conservarla (cobijarse) y reproducirse. El incumplimiento de la primera y/o la segunda regla, lleva a la desaparición del individuo y la tercera a la desaparición de la especie. Las estrategias para conservar ese estatus de ser vivo pueden ser muy diferentes. Pueden ser altruistas o egoístas. La evolución nos confirma que ambas son válidas y es difícil determinar cuál es “buena” y cual es “mala” para la perpetuación de la vida ya que ambas estrategias se dan continuamente y al mismo tiempo en todos los seres vivos. Uno puede ser un esposo egoísta al mismo tiempo que un padre altruista y rara vez encontraremos un ser que sea sólo egoísta o solo altruista. Así que si una estrategia la considerásemos “la buena” y a la otra “la mala”, deberíamos aceptar que ninguna de las dos puede darse sin la otra, en cierto grado que nuestra voluntad determina.

La razón.

Sin duda, la razón es el paradigma al que me he aferrado en mi pasada edad y del que todavía no he conseguido desatarme. Pero como decía Ken Wilbert, cada nueva visión del mundo, debe permitirnos trascender al tiempo que no dejar de incluir a la anterior.

P: ¿En qué se basa usted para decir que una visión del mundo es mejor que otra?
KW: No olvide que cada nueva visión del mundo trasciende e incluye a su predecesora. La emergencia y el desarrollo de un nuevo estadio de conciencia incluye los componentes fundamentales de las visiones anteriores del mundo agregándoles, al mismo tiempo, las nuevas percepciones diferenciadas propias del estadio anterior. Trascender e incluir. Y cuanto más inclusiva sea una visión del mundo más adecuada es.
No se trata, por tanto, de que la visión anterior del mundo esté completamente equivocada y que la nueva visión del mundo sea totalmente correcta. Lo anterior fue una vez apropiado pero lo nuevo lo es todavía más. Si no fuera más adecuado, la evolución no podría haberlo seleccionado, no podría apresar las corrientes del Kosmos y quedaría arrinconado al borde del camino, flotando a la deriva como el desecho de lo que pudo haber sido.
Obviamente, esto no significa que una visión «superior» del mundo no tenga sus propias limitaciones intrínsecas sino todo lo contrario. Dondequiera que exista una posibilidad de trascendencia también existe y, por el mismo motivo, una posibilidad de represión. Lo superior no sólo puede trascender e incluir sino que también puede trascender y reprimir, excluir, alienar o disociar.
Es por ello que, al contemplar la emergencia de las distintas visiones del mundo, tenemos que mantener una constante vigilancia ante las posibles represiones y disociaciones que han ocurrido y que todavía siguen ocurriendo en el proceso histórico.

No es que la razón no parezca ser el motor que mueva al universo. Es que la razón es tan sólo una pieza del puzzle al que pertenecemos. La ciencia, aplicada en condiciones de laboratorio (es decir, de forma simple), explica con gran elocuencia cosas que a todos los seres vivos, humanos y no-humanos (ya que la ciencia no es exclusividad de los humanos. Otros seres vivos observan esas leyes y se acostumbran a vivir con ellas) nos ponen en común acuerdo.

Es difícil (imposible?) que alguien pueda negar tales leyes; que alguien pueda negar, por ejemplo, estar sujeto a la ley de la gravedad. Para estos supuestos, las leyes son implacables y se cumplen sin excepción. Nadie puede negar que se siente atraído por la gravedad, a pesar de que pueda contrarrestar esa sensación con otras creadas por la mente, como la sensación de liviandad. Materia y espíritu están siempre en juego, por mucho que uno desee negar al otro. Tampoco el resto de seres vivos pasan por alto que arrojarse por un precipicio si no tienes alas, hilos o una muy reducida masa, va en contra de las reglas que abocan a los seres vivos a autoperpetuarse.

Pero cuando intentamos trasladar las leyes de las ciencias exactas a las ciencias sociales o humanas, ahí vamos para atrás. Si bien las ciencias humanas pueden explicar (a posteriori) la historia del mundo, no pueden apenas predecir el futuro ya que los seres conscientes, en cualquier grado, poseemos algo que no poseen los que consideramos no-conscientes como una piedra o el agua: las “cosas” (aunque no podamos negarles una historia, porque la tienen)

Lo que nos diferencia a los seres “vivos” de los “no-vivos” es la voluntad. Una piedra no tiene voluntad, así que, no parece poder decidir sobre su futuro como lo podemos hacer los seres vivos. Se puede predecir con cierto grado de acierto, aunque a muy corto plazo, cómo va a ser el futuro de los seres vivos. Pero mirando hacia atrás, es fácil darse cuenta que algunos cambios que sucedieron, fueron muy rápidos y difíciles de pronosticar y supusieron lo que se llaman revoluciones, que poseen una fuerza rompedora al principio, como una ola, pero que terminan agotándose en el inmenso mar que las contiene.

Por lo tanto, observando a la naturaleza, no parece que sea posible un cambio que se mantenga en el tiempo, como una revolución continua. Estamos, inexorablemente sometidos a otra de las leyes que rigen el universo: la evolución. Se dan cambios continuos y a la vez se repite todo. ¡Pero al mismo tiempo! De manera que todo se repite siempre de forma diferente. O aceptamos esto, que algo al mismo tiempo es blanco y es negro, o es que estamos todavía demasiado aferrados a la razón excluyente.

Por lo tanto, esa idea de la ilustración de que el mundo que nos rodea lo podemos supeditar a las leyes inquebrantables de la razón, no es más que una de las tantas visiones imperfectas del mundo, la que vivimos aún y de la que más tarde o más temprano tendremos que desprendernos porque no va a durar para siempre. Las leyes que rigen la vida no son universales e inquebrantables como lo son las que rigen a la materia. Por eso, por mucho que intentemos plantear leyes que rijan nuestra conducta, nuestro SER, estas se tienen que ver por fuerza sometidas a continuos ajustes o de lo contrario no sirven apenas para regir un instante de tiempo más o menos amplio.

O eso o abandonar la idea de aplicar las leyes que rigen a la materia al comportamiento humano. Quizá nos equivocamos al pensar que se podía racionalizar todo. Claramente esa es la psicosis que rige al hombre en nuestro tiempo.

Churrinche

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Siguen saliendo las canciones como churrinches.

Una obra así merece el atributo de Creative Commons. Como toda canción, como toda creación, no es más que puro reciclaje. Eso que se encuentra a mitad de camino entre el plagio y la imposibilidad de copia digital que posee el ser humano cada vez que re-escribe, re-interpreta o re-crea. Por ello y en honor a las musas, esta obra -toda la basura que pueda salir de mi, en general- está a disposición para ser re-plagiada por quien lo desee (no puedo negar a otros que hagan lo que yo hago, sería injusto). Estaba pensando ponerle una licencia Jamón-ware, y que me envíen una patita quienes saquen gran provecho porcino de ella. Pero mejor lo dejamos así, sin nada.

En cuanto a por qué hago, recién entrado en la edad madura, cosas de adolescentes… será porque llego tarde a todo. Por eso en mis sueños se repite que voy a perder un avión? Sueños que resuenan en mi cabeza como las imágenes del aeropuerto en “La Jette”.

Actualización:
Subida la revisión tropecientosmil, ya que llevo toda la semana jugando con el ardour.
Guitarra regrabada gracias a la insistencia de Demián y a su instrumento.
Mark Hollis pasó por casa y dejó este collage de piano de su tema “Colour of the spring”